“Sapos y culebras”, una instalación gráfica de Acamonchi
Ya instalado en Tijuana, me enteré de eventos artísticos y culturales que me fascinaron: el concierto “Corridos urbanos” de Clorofila en el ya legendario Jai Alai, un concierto bastante íntimo de Stereo Total este miércoles, y sobre todo la conferencia de Gerardo Yépiz “Acamonchi” sobre su reciente instalación “Sapos y culebras”, albergada en el Centro Cultural Tijuana (CECUT). Fue sumamente enriquecedor poder platicar por poco más de una hora con este autor, que me llamó la atención por primera vez hace unos diez años, cuando en el marco del asesinato de Luis Donaldo Colosio, Acamonchi circuló un esténcil (del cual hay una versión intervenida en el cartel promocional de la instalación) con la cara del ex-candidato a presidente con el slogan en la parte inferior: “Volveré”. Dicho esténcil llegó a la ciudad de México, y hasta se corría el rumor de que había orden de aprehensión para quien fuera sorprendido pintándolo. Pues bien, no pude dejar de hacerle la pregunta: “¿Cómo llegó este esténcil desde Tijuana a la ciudad de México?” Acamonchi publicó el modelo en revistas y en la red, lo cual facilitó el libre tránsito de su obra, y nos permite decir que, más que un autor, Yépiz fue en este caso un instigador de la transgresión pública: no obligó a nadie a pintar ese esténcil, cada “agente” voluntariamente se arriesgó a ser capturado por la policía de su localidad. Pero al profundizar su respuesta, Acamonchi confesó que, en las ocasiones en que viajó a la ciudad de México, llegó a pintar personalmente graffs y algunos de sus esténciles, entre ellos, desde luego, el de Colosio. Me gusta esa actitud de hace diez años: también nos contó que en una ocasión se la pasó “rayando” con un amigo hasta altas horas de la madrugada en la Zona Rosa (una de las más pudientes del DF), cosa que definitivamente sólo haría un tijuanense.
Sin embargo, y a partir de una situación personal que (según nos platicó) ha sido dolorosa para él, la instalación “Sapos y culebras” deja bastante que desear. Acamonchi confesó que su estado anímico contribuyó profundamente en el resultado final, y me atrevo a decir que lo hizo hasta con algo de flojera (con frases como “Boring….” o “Cacamonchi” desperdigadas aquí y allá). Siento que sucedió lo mismo que con Torolab y su “Instituto de la basura”, del cual he hablado en una nota anterior: cada vez que los autores y artistas que hace cinco, diez años eran considerados parte del movimiento underground llegan a espacios institucionales (en este caso, el centro cultural más importante de Tijuana), la calidad de sus trabajos disminuye considerablemente. No estoy en desacuerdo con el reciclado de imágenes, de hecho el uso de material fotocopiado en su instalación me parece un revés muy oportuno a la idea de un arte ”culto” (que por otra parte se ve cuestionado seriamente por nociones como la de street art y el post-graffitti, con las que Acamonchi coquetea), pero cualquier obra artística refleja las emociones que movían a cada autor en el momento de su elaboración, y lo que sentí en “Sapos y culebras” fue más un acto conmemorativo o de apadrinamiento institucional que una propuesta visual con contenido.
Me parece que hay que exigirle más a los artistas “legítimados” (uso esta palabra no por ingenio propio: fue un término que usó el propio Acamonchi en su conferencia), incluso de manera más tajante que a los emergentes, para evitar que caigan en las trampas que siempre tienden (a veces de buena fe) las instituciones culturales, estatales y federales. Espero que Yépiz recupe el buen ritmo que le habíamos conocido y que esta experiencia le deje un buen sabor de boca.


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